Mientras el conducía hacia el Club yo miraba por la ventana a los humanos.
Ellos vivían su vida sin ninguna preocupación, sin sospecha alguna de que existían criaturas como mi familia y yo.
Entonces pensé en cuestionar a Robert, el porqué de esa Regla.
Cuando volví la mirada hacia él, su rostro aun seguía con los labios apretados, el ceño fruncido y esa mirada ausente. Parecía que estaba molesto por algo o con alguien.
Dudé en preguntarle qué era lo que le pasaba, cuando el volvió su rostro hacia mí, pude notar la mirada furibunda que ahora embargaba totalmente sus ojos.
-Me puedes decir ¿por qué te portaste así con el Vallet?- pregunto enfurruñado
-Solo quería ser amable.-admití
Realmente quería serlo, no había otra intención...
-¡Maldita sea dime por qué haces cosas que no debes!- respingo aun más molesto
-Rob, enserio no hubo otra razón más que ser amable con él.
¿Qué le pasa, creía que me lo iba a cenar o qué?...
-No, tú sabes a que me refiero sabes que lo que me molesta es que rompas las reglas- me gritoneo
-Robert, esa regla es molesta- Balbucee
Y si que lo era...
-No vuelvas a decir eso. Tú no sabes que esa regla nos salvaguarda de la desgracia- Me gritoneo una vez más mientras y su mirada seguía fija en el camino
Genial ahora estaba molesto conmigo...
-Es que es ilógico, los humanos no nos han hecho nada, ni pueden hacerlo y tú los aíslas de nosotros, ¿Por qué lo haces?-inquirí mirándolo mientras el conducía rumbo al club
-Mira no pienso discutir eso contigo, solo promete que no hablaras mas con ellos- me ordeno
-¡No, no prometeré nada hasta que me digas porque pusiste esa estúpida regla!- replique molesta
Yo necesitaba saber por que...
Emitió un gruñido estruendoso desde su pecho que me callo. Me dejo helada.
-¡Ya te dije que no, ahora obedece y promete que no hablaras más con un mortal nunca!- me mando enérgico
Resignada trate de recuperar la respiración, volví la mirada hacia él. Apreté los labios antes de responderle, desvié la mirada y volví a dirigirla hacia mi hermano
-¡Esta bien!, lo prometo pero lo hago en contra de mi voluntad, ¿ya estas feliz?- replique enojada
-¡No, lo comprendes! esto es por nuestro propio bien- trato de aclararme
-Eso nunca lo sabré ¿y sabes? algún día lo averiguare, y por mi cuenta corre que lo hare
-¡Aianna, deja de de decir estupideces! solo acata las reglas y no las cuestiones ¿está claro?- añadió furioso
-Para mí no está claro. Pero está bien Robert obedeceré una vez más sin saber si está bien o no- añadí decepcionada
-Mira no te pongas así- Trato de calmarse esperando un momento- cuando sea el momento apropiado te diré por qué hago esto.
-Solo déjame en paz en lo que resta del camino. Sabes no quiero hablar más con alguien que miente.
Robert, accedió a mi solicitud guardándose sus opiniones, después de que le dije mentiroso.
La decepción me hacía sentir vacía y nostálgica.
Deseaba con todo mí ser que Ashlyyn estuviera acompañándome en lugar de Robert.
El no era tan sensible y comprensivo como Ashlyyn. Me pesaba tanto que ella no pudiera estar conmigo.
Me resigné. Respire hondo. Y volví el rostro hacia a mi hermano
-Dime, ¿porqué?- inquirí. Mientras miraba por la ventana desilusionada- ¿Que hice yo, para que me trates así?
Robert jamás contesto a mi pregunta. Seguía sumergido en sus pensamientos, en su mundo solo importaba lo que él ordenara eso era más que evidente.
En su vida solo existían dos personas él y Marie, solo por ellos se preocupaba por nadie más. Pero a fin de cuentas yo siempre terminaba cediendo a sus excusas, no había oportunidad para que él se sincerara conmigo.
Tenía que admitirlo, viviré toda la eternidad sin saber la razón de esa regla, y sin saber porqué mi hermano tenía esa fascinación por hacer que mi vida fuera miserable y aburrida.
Al llegar al estacionamiento del Club, Robert estaciono la camioneta en un lugar libre debajo de un maple. Inhaló aire, cerró los ojos y recargo su cabeza en la cabecera del asiento. Por supuesto que no relajo la postura que adquirió durante nuestra pelea en el lobí del edificio. La camioneta se encontraba bajo la cálida sombra del árbol sin movimiento alguno.
Desesperada lo mire por última vez con frustración bajé de la camioneta bastante molesta para ser sincera.
Tomé mis cosas del asiento de atrás, empecé a correr por el estacionamiento y me dirigí a donde yo creía se encontraban los vestidores para damas.
No llegue a ningún vestidor ya que yo no sabía a ciencia cierta donde se encontraban los vestidores; porque Robert nunca me llevaba ni me dejaba salir a ninguna parte, así que tuve que recurrir a seguir a alguien que a mi parecer fuera a un vestidor.
En el camino mientras deambulaba, encontré a una chica que traía raquetas y una maleta, por lógica ella tenía que cambiarse de ropa así que la seguí con cautela hasta los vestidores.
Ya encontrándome allí dentro busqué un cubículo libre para cambiarme, No encontré ninguno cercano a la salida, eso me disgustaba seguramente si encontraba uno libre estaría oscuro y me agradaba la luz lo suficiente como para no estar cerca de ella. Seguí buscando sin resultados. En definitiva no había ningún cubículo libre para mí.
Camine un poco más y me adentre hasta el fondo del vestidor y allí estaba un cubículo libre, esperándome. Pero tenía que asegurarme de que ninguna otra persona haya visto ese espacio libre como yo, así que me dirigí hasta el con cautela, apresure mi paso para ser yo la primera en ocuparlo.
Llegué hasta el cubículo, me senté en la pequeña banca de madera que había allí dentro de la estructura. Estos cubículos eran parecidos a los que tienen los futbolistas en sus vestidores, bastante cómodos pero sin privacidad.
Continuara...
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